La boda de Eli y Antonio fue una ocasión para recordar las relaciones esenciales que creamos a lo largo de nuestras vidas.

Todos los que vivimos este día especial junto a ellos compartimos miles de emociones a flor de piel. Fue una boda verdaderamente memorable y una experiencia profunda. Ver a Eli y Antonio juntos es recordar las mejores partes de lo que puede ser el amor: tonterías y risas, afecto constante, conexión verdadera, el deseo insaciable de estar lo más cerca posible todo el tiempo…

Nos encontramos hipnotizados todo el día por la amabilidad de estas dos familias, su historia, las emociones, la forma en que Antonio mira a Eli, como si fuera la criatura más exquisita que jamás haya visto. Fue uno de esos días en que todo se siente bien, y no sientes nada más que felicidad por las personas que estás fotografiando.

Crear estos recuerdos eternos para ellos fue un enorme privilegio del que siempre estaremos orgullosos.